
Más allá del mito, todos hemos sentido en algún momento la frustración de no comprender a un extranjero o la dificultad de enfrentarnos, ya adultos, a la inmersión en un nuevo idioma.
Sin embargo, aprender otras lenguas nos abre un mundo fascinante de posibilidades que van mucho más allá de la mera comunicación.

En nuestro viaje a Japón, comprendí la dificultad y la ansiedad que provoca no conocer el idioma. Aunque viajamos junto a personas que hablaban japonés, estar rodeados constantemente de un idioma incomprensible y de grafías completamente diferentes a las conocidas fue una experiencia desafiante y, al mismo tiempo, fascinante. Imaginen hacer un viaje así sin la tecnología que hoy llevamos en nuestras manos.
Mi historia con los idiomas
Cuando tenía nueve años y asistía a la escuela primaria, se implementó un proyecto gubernamental de jornada extendida para que los alumnos recibiéramos clases de teatro e inglés.
Mi relación con el idioma era de amor y odio: por un lado, me encantaban las clases porque teníamos una profesora joven que las hacía muy entretenidas; por otro, me frustraba enormemente no poder entender las canciones que escuchaba en la radio.

Más adelante, ya de adolescente, asistí a academias de inglés y a la Alianza Francesa. Aunque las clases seguían siendo una vez a la semana, su duración era mayor y contaba con más recursos para reforzar mi aprendizaje.
El inglés como inmersión forzada
Con mis hijos, el inglés llegó de manera distinta, casi como una imposición. Nos mudamos a Canadá en febrero, y ellos comenzaron la escuela en marzo. De un día para otro, pasaron a estar expuestos al idioma durante casi ocho horas diarias, viéndose obligados a aprenderlo.
Recuerdo que, el primer día de clases, les dije que solo necesitaban tres palabras: play (jugar), help (ayuda) y washroom(baño). El resto llegaría solo con el tiempo. Y así fue: tras casi dos años de escolarización, ahora hablan español en casa e inglés fuera de ella con total naturalidad.
Un nuevo reto: aprender otro idioma en familia
Ahora que educamos en casa, decidí embarcarnos en una nueva aventura: aprender juntos un tercer idioma. Hablamos sobre cuál elegir y por qué consideraba importante sumar este aprendizaje.
Leonor se entusiasmó enseguida. Bastó con decirle que, cuanto más idiomas hablara, con más personas podría comunicarse. Su amor por hablar es tal que un amigo de la familia la apodó La Radio. Siempre tiene algo interesante que decir… aunque a veces me gustaría bajarle el volumen por un ratito.

Felipe, en cambio, fue un caso aparte. Aceptó con una condición: él elegiría el idioma. Su elección me tomó por sorpresa: Sindarin, la lengua élfica creada por J.R.R. Tolkien que luego utilizó en la saga de El Señor de los Anillos.
Viendo en retrospectiva, tenía sentido: habíamos visto juntos la trilogía, leído El Hobbit, y pasaba horas explorando mitologías varias y leyendo libros del universo de Dungeons & Dragons.
Tuve que explicarle que aprender élfico sería complicado, ya que yo no tenía conocimientos al respecto ni era un idioma con recursos fácilmente accesibles.
Entonces, establecimos una regla: debía ser un idioma disponible en Duolingo. Finalmente, elegimos francés, lo que resultó conveniente porque yo tengo un nivel básico que nos permite comenzar y avanzar juntos.


Por eso, hoy quiero compartir los primeros imprimibles que estamos usando y algunos videos de YouTube con los que hemos empezado. Descarga todas fichas clickeando acá.

Para comenzar, utilicé el mismo método que había funcionado con la hojas de temperatura mensual. Prendí el televisor y me senté a ver el siguiente video (click acá). Enseguida, se sentaron a mi lado a repetir los saludos y a reír con los monstruos. Otro recurso que utilizamos fue este (click en el enlace)
Les expliqué muchas veces que si no entendían algo, no debían preocuparse. Podía ser frustrante, pero les recordé cómo habían empezado con el inglés y cómo, con el tiempo, lograron comprenderlo.

Días después, continuamos con la siguiente etapa: aprender a preguntar “¿Cómo estás?”. La canción que les comparto a continuación ya la conocían y es tan pegadiza que, de vez en cuando, los escucho canturreándola por ahí. El próximo video esta destinado a un público más adulto, igual se los comparto porque a mí me ayudó a refrescar la memoria.
Finalmente, aprendieron a decir sus nombres y a preguntar el de otra persona, tanto de manera formal como informal. Si bien el video que usamos contiene más vocabulario del que manejan, pueden empezar a deducir y entender de a poco. De todas maneras, volveremos a verlo varias veces para reforzar el aprendizaje.
Todo esto nos tomó una semana de práctica, integrando las nuevas palabras en sus saludos al levantarse o antes de ir a jugar.
Para las conversaciones que les comparto al final del archivo, jugamos a interpretar distintos roles y a darles voz a videos que creamos con stop motion (videos realizados a partir de una secuencia de fotos).
¿Alguna vez han aprendido un idioma en familia? Me encantaría leer sus experiencias en los comentarios.
¡Gracias por estar aquí y compartir este camino conmigo!